Lo que hay detrás de la rivalidad entre equipos de fútbol probablemente se les escapa a la mayoría de hinchas pertenecientes a cada uno de ellos. Lo que es cierto es que, más allá de la rivalidad deportiva, está incluso una rivalidad inicial política de su fundación, que se perpetúa. El antagonismo social, político o religioso, se canaliza así en un rito incruento, pero de una violencia latente. El fútbol ha sido y es en muchos casos un instrumento de control social y propaganda exterior. Y eso no hay de banalizarlo.
Si nos detenemos a analizar los diferentes equipos de una misma localidad, podemos ver que, en sus inicios esos dos principales equipos encarnaban la polarización ideológica y social –derecha e izquierda, clases medias y clase obrera– de sus habitantes. Ese antagonismo se canaliza hasta llegar a desbordar el marco deportivo y adquirir una dimensión insospechada. Es interesante reflexionar sobre las raíces históricas y sobre su adaptación a las condiciones del nuevo milenio.
El fragmento seleccionado ayudará a los jóvenes a ser conscientes de lo que supone ser hincha o seguidor de un equipo y la importancia de respetar ciertas normas de comportamiento. También ayuda a ser conscientes de que los inicios de un equipo, sus normas, su identidad social, son fundamentales para su futuro.