Blog
Educar en el respeto a la propiedad intelectual, un paso imprescindible para una sociedad más justa y libre
Cuando un niño o una niña escribe una redacción o esboza un dibujo en la escuela y lo comparte con orgullo con sus compañeros está reivindicando, sin saberlo, su reconocimiento como creador. Y es precisamente en este entorno, el escolar, donde debe comenzar a formarse en el respeto a la propiedad intelectual.
Es importante que los escolares entiendan desde el principio de su educación que detrás de cualquier obra, ya sea una novela, una poesía, un cuadro, una composición musical o una fotografía, está el esfuerzo de uno o varios creadores que deben ser reconocidos por su trabajo, esto es un paso esencial para garantizar la continuidad de la creación cultural. Se trata de la educación en derechos de autor en el aula.
El informe de la UNESCO «La educación encierra un tesoro», publicado en 1996 y coordinado por Jacques Delors, establece entre sus recomendaciones enseñar valores cívicos y éticos, y fomentar el pensamiento crítico. Aunque a priori no lo parezca, ambas recomendaciones están íntimamente relacionadas. El respeto a los derechos de autor es un valor cívico y ético fundamental y, sin él, desaparecería la diversidad cultural y, por tanto, el pensamiento crítico.
La educación en valores significa trascender la enseñanza y la adquisición de conocimientos para establecer objetivos en el ámbito moral y cívico que permitan formar ciudadanos y ciudadanas responsables. Se trata de formar al alumnado en derechos humanos, tolerancia y convivencia, participación y responsabilidad, solidaridad y justicia, sostenibilidad y desarrollo personal.
- Tolerancia y convivencia. Educar en el respeto a los derechos de autor tiene mucho que ver con estos valores, pues implica enseñar a valorar el trabajo ajeno y la autoría de las obras. Además, sin propiedad intelectual, se debilitaría la diversidad cultural, la libertad de pensamiento y la convivencia democrática.
- Participación y responsabilidad. Respetar la autoría de una obra es un ejercicio de responsabilidad ciudadana, ya que supone asumir las obligaciones derivadas del consumo cultural. Quien disfruta de una obra tiene una responsabilidad hacia quien la creó.
- Solidaridad, justicia y sostenibilidad. La propiedad intelectual es, en esencia, una cuestión de justicia, que consiste en remunerar al creador por su esfuerzo. Sin esa compensación, peligra la sostenibilidad de la cultura, uno de los pilares de nuestra sociedad libre y democrática. Proteger a los creadores de hoy es también un ejercicio de solidaridad con las generaciones futuras, ya que garantiza el acervo cultural.
- Desarrollo personal. Educar en propiedad intelectual enseña al alumnado que sus creaciones tienen un valor, lo que contribuye al desarrollo de su autoestima.
Educar en propiedad intelectual es, en definitiva, formar ciudadanos culturalmente comprometidos y fomentar todos estos valores que el informe de Delors defiende inculcar en la escuela. Es asegurar la continuidad de la creación cultural, pilar fundamental de nuestra sociedad libre y democrática. Es, también, un mecanismo de defensa frente a los retos derivados de la expansión de la inteligencia artificial.




